jueves, 1 de marzo de 2012

"La cara social del cáncer", una obra de un paciente de leucemia que reflexiona sobre la realidad de esta enfermedad en la actualidad.



Hoy queremos informaros de una nueva obra que está llegando a las librerías de nuestro país. Se llama "La cara social del cáncer" y lo ha escrito Fernando Gil Villa, un paciente de leucemia mieloide crónica de 48 años, sociólogo y profesor de la Universidad de Salamanca.


Puedes encontrar más información sobre el autor en www.fernandogilvilla.com y sobre el libro en la Editorial Octaedro.

El mismo Fernando Gil Villa ha querido expresarnos su experiencia y por qué ha escrito este libro con sus propias palabras. Son éstas:


Un día de abril…
"Un día de abril, de cuyo número no puedo acordarme, recogí los resultados de la analítica de sangre en los que volvía a aparecer una siniestra cifra de la que, por desgracia, sí puedo acordarme: 75.000 leucocitos.

¿Cómo se puede andar tan campante, sin síntomas de infección alguna, y tener tan locas las defensas?

Esa fue mi primera pregunta. Falsa, porque la respuesta era evidente: no se puede, algo pasa.

Mi primera reacción fue indagar en Internet. Cuando uno busca algo con ansiedad en la red, lo más probable es que acabe encontrando lo peor. Aquello podía ser leucemia, o sea, que podía tener un cáncer, yo, el cuarentón amante de la vida sana, el que no fumaba y ni bebía, el amante del jogging (eso sí, cuando hace buen tiempo, lo cual no es muy usual en Salamanca, donde trabajo).

¿Peligro? En alguna página leí que a partir de 100.000 leucocitos podría tener una crisis blástica (vaya usted a saber lo que era eso pero sonaba a algo terrible) que me dejara fuera de juego. Así que, durante un nervioso paseo por una calle que mis pies eligieron por su soledad, agarré el móvil y llamé a todos los hematólogos de mi compañía de seguros de Zaragoza, pues me encontraba pasando las vacaciones de Semana Santa en mi pueblo natal, Ejea.

Una tras otra, distintas secretarias trataron con la misma parsimonia mi solemne petición de cita urgente. La atolondrada explicación que la acompañaba, digna de un personaje de Woody Allen, no producía, al parecer, ningún efecto compasivo en aquellas almas lejanas de voz metálica. Excepto en un caso. De repente, alguien cuyo nombre recordaré siempre como un verdadero médico, es decir, alguien que se apiada de alguien que sufre, según reza el juramento hipocrático, se dignó a hablarme.

José María Grasa Biec trató de calmarme: que por favor le leyese los otros guarismos de la analítica. Después de hacerlo me dijo que podía tratarse de una Leucemia Mieloide Crónica. Estaba dispuesto a recibirme al día siguiente en su consulta. Si me pinchaba a primera hora, por la tarde me confirmaría el diagnóstico de forma provisional. Concluyó tratando de calmarme: “De cogerlo a tiempo a no cogerlo cambia como del día a la noche. Hoy en día hay un fármaco de última generación que da excelentes resultados… una pastilla al día”.

Llegué a la casa de mis padres y miré una enciclopedia médica familiar. En la entrada de Leucemia se daba una esperanza de vida de pocos años a los pacientes de LMC. El miedo me impidió en aquel momento pensar racionalmente (por ejemplo se me olvidó mirar la fecha de publicación de la maldita enciclopedia). Más tarde, pasados unos meses, me propuse invertir ese proceso prometiéndome a mí mismo que estudiaría, como el sociólogo que soy acostumbrado a investigar, la forma en que el miedo se apodera del enfermo, la manera en que la enfermedad estigmatiza, el uso del cáncer una metáfora peyorativa en los discursos cotidianos (La corrupción es un cáncer para la democracia, por ejemplo), el problema que tienen los ciudadanos menos privilegiados económica y culturalmente para disponer de recursos con los que enfrentar los síntomas.

Hoy sigo tomando “la pastillita”, sabiendo que no es una simple pastilla, sabiendo que soy un privilegiado porque me la paga el Estado, cosa que no sucede en otros muchos países. Sabiendo también que la pastillita tiene muchos efectos secundarios, una dosis de sufrimiento continuo. Pero sabiendo también que lo puedes compensar si sabes valorar otras cosas, cosas que realmente merezcan la pena en la vida, como tener una hija, mi primera hija.

Mi hija, un ángel llamado América (en honor a mi mujer, que es latinoamericana, pero también como símbolo de la esperanza de un nuevo mundo más humano y menos materialista, ahora que Europa sufre una de sus peores crisis, a punto de una crisis blástica), es mi gran pasión. Pero con su permiso y el de mi esposa, también quiero decir, que otro “hijo” ha venido al  mundo en estos días, envuelto en una bella y sencilla edición, para recordarme, no sin un cierto orgullo y satisfacción, que la promesa que un día me hice a mí mismo se ha cumplido.

Ojalá que las reflexiones críticas que trae bajo el brazo “La cara social del cáncer”, más allá de dietas, historias personales melodramáticas y divulgaciones científicas biotecnológicas, les sirvan a los lectores para comprender un poco mejor la enfermedad del siglo XXI".

3 comentarios:

  1. Increible !!!! mis felicitaciones colega, soy sociologa recien egresada y desgraciadamente involucrada con el cancer hace un año, por desgracia y siendo objetiva la persona que lo padecia fallecio hace una semana y ha sido una etapa dificil desde q empezo que aun quedan dudas por aclarar.... quien hemos vivido esta maldita enfermedad de cerca buscamos siempre refugiarnos en algo que nos haga tener esperanza hasta en el peor de los casos; hoy busco otro tipo de esperanza y sin antes leer el libro se que aqui encontrare todo lo que necesito para resignarme ante la dificil situacion que estamos pasando mi fam y yo .... en horabuena y gracias !!!!

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  2. Que interesante el libro.. esta mañana que te conocí en persona fuí a comprarlo y no fué posible, pero lo conseguiré porque me parece genial!!Saludos desde Salamanca y encantada de conocerte en, el hospital de día del Clinico de Salamanca.

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  3. Hola, soy Fernando, gracias a las dos por vuestro amable comentario. Antes que sociólogo y escritor soy paciente, porque la salud condiciona todo lo demás. Ojalá que las reflexiones del libro, hechas con toda la objetividad de la que he sido capaz, os gusten y os ayuden a entender siquiera un poquito más del mundo del cáncer y en particular de la leucemia. ¿Quién sabe si nuestra joven socióloga no se anima en el futuro a seguir investigando en esta línea, tan interesante, cultivada por autores como Susan Sontag y más recientemente por el flamante Pulitzer Siddartha Mukheriee. Quedo a vuestra disposición.
    No olvidéis que las batallas no sólo se libran en el terreno personal, sino también en el social. Sólo así ganaremos la guerra.

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